domingo, 16 de noviembre de 2014

"SEÑAL DE HUMO QUE SURGE DE LA GRACIA DE DIOS"

El único sobreviviente de un naufragio encontró refugio en una pequeña isla. Cada día oraba fervientemente pidiendo a Dios que lo rescatara. Así, diariamente veía hacia el horizonte buscando ayuda, pero ésta nunca llegaba. 
Cansado de esperar, se dedicó a construir una pequeña cabaña para protegerse a sí mismo y resguardar sus propias pertenencias.

Un día, después de andar buscando comida regresó y encontró la pequeña choza en llamas, el humo ascendía al cielo... Todo lo que tenía fue consumido por el fuego.

Él, confundido y enojado con Dios, le reclamaba: "¿Cómo pudiste hacerme esto? ¿Por qué permites que aumente mi desgracia?". Y en su desesperación y coraje se quedó dormido sobre la arena.

Al día siguiente, muy temprano, escuchó asombrado la sirena de un barco que se acercaba a la isla... Finalmente venían a rescatarlo.

Cuando llegaron los marineros, él les preguntó: "¿Cómo supieron que yo estaba aquí?". Aquellos le contestaron:
"Vimos las señales de humo que nos hiciste..."


En nuestra vida diaria es fácil desesperarse cuando las cosas van mal, pero no debemos perder la paz en el corazón, pues sin duda Dios está preparando algo bueno aun en medio de lo que experimentamos, aun entre penas y sufrimiento.

Recuerda, la próxima vez que tu pequeña choza se queme... puede ser simplemente una señal de humo que surge de la Gracia de Dios para tu beneficio.

Por todas las cosas negativas que nos pasan, debemos decirnos a nosotros mismos: Dios siempre tiene una respuesta positiva.


viernes, 14 de noviembre de 2014

EL MERCADER Y LOS CAMELLOS

"Y a ti, ¿cuántas cadenas te atan?"

Cuenta la historia que un rico mercader salió a vender mercancías en compañía de sus servidores, en una caravana de doce camellos.

De noche, se detuvieron en un oasis, y cuando el mercader se disponía a dormir, llegó uno de sus asistentes, y le dijo: 

- Señor, tenemos un problema: Ya hemos amarrado a once camellos, pero olvidamos traer una estaca y no sabemos qué hacer con el que nos falta.

- Muy sencillo - dijo el mercader -: Simula, delante del animal, que clavas la estaca y que lo amarras a ella. El camello que es una bestia torpe, creerá que está sujeto y se quedará ahí.

Los servidores hicieron lo que su señor les mandó y se fueron a dormir. Al amanecer se percataron de que todos los camellos estaban en su lugar. 

Se presentó de nuevo el asistente y le dijo al comerciante que ya tenían los camellos listos para partir, pero que no podían poner en camino al camello número doce. El mercader les dijo que simularan desatarlo, ya que el camello creía que estaba amarrado. Así lo hicieron, y la caravana prosiguió su camino.